Siglo XV

Isabel la Católica: Reina de España, conquistadora e incansable política…

Isabel I de Castilla Reina de España recuperó y llevó a cabo muchos proyectos de sus antecesores llevando a España a un gran esplendor en la Europa y el Mundo del Siglo XV, nació el 22 de abril de 1.451 en el seno de la familia real: su padre Juan II de Castilla y su Madre Isabel de Portugal. Mucho más en las siguientes líneas.

Isabel I de Castilla Reina de España fue coronada reina en 1.474 y su mandato se mantuvo hasta 1.504. Contrajo nupcias, de modo secreto, en el año 1.469 con el príncipe Fernando de Aragón, este matrimonio se convirtió en lo que se conoce históricamente como los Reyes Católicos, el enlace también trajo consigo para ella otro título poderoso como “Señora de Vizcaya”. Juntos crearon diferentes estrategias políticas que les permitieron consolidar el poder durante 30 años, durante este período lograron unificar el Reino de Castilla con la anexión del Reino de Navarra y las Dinastías de Castilla y Aragón, reconquistar Granada con la explusión de los árabes, apoyar los viajes de colonización de Cristobal Colón y con ello consolidar el Imperio Español en América.

Aunque Isabel provenía de una gran familia real no sólo por sus padres sino también por sus abuelos: los reyes de Castilla Enrique III y Catalina Lancaster eran sus abuelos paternos y el Infante Juan de Portugal e Isabel de Barcelos eran sus abuelos maternos. Sin embargo, la herencia de la corona no le vino de modo directa porque era la tercera en la línea de sucesión. Obtener el trono no fue tarea fácil porque quien debía ostentar la corona eran su hermano Enrique príncipe de Asturias, nacido bajo un matrimonio anterior de su padre Juan II y luego su hermano Alfonso (menor que ella) de parte de su familia materna.

En 1.454 Enrique, hermano de Isabel, toma posesión del trono una vez que muere su padre, ésta situación provocó que aunque Isabel había nacido en el Castillo de la Mota (Ávila -kms de Madrid) su crianza y educación se desarrollara en Medina del Campo lejos del palacio. Desde los 3 años creció bajo la influencia de sus abuelas porque su madre había caido en una profunda depresión que la mantenía practicamente ausente de la crianza de sus hijos.

Su abuela paterna Catalina de Lancaster, reina consorte de Castilla, por su matrimonio con Enrique III y primera princesa de Asturias fue calificada por los historiadores como una mujer muy sabia, rodeada de otra mujeres de su época muy inteligentes y habilidosas en el ejercicio del poder. Su otra abuela Isabel de Barcelos (portuguesa) también tuvo gran influencia en Isabel. Ambas fomentaron en ella de forma directa e indirecta una fuerte autoestima que hizo de Isabel una mujer hábil, inteligente, poderosa, estratega en un mundo de hombres; de traiciones y luchas por el poder. Había visto de cerca como los nobles adulaban y se arrodillaban a su hermano el Rey Enrique eran los mismos que muchas veces le traicionaban.

Guerra por la corona de Castilla

Isabel de Castilla estaba comprometida desde los 3 años con el príncipe Fernando hijo de Juan II de Aragón, sin embargo, el hermano de Isabel Enrique IV rompió este compromiso para intentar conseguir para ella un matrimonio concertado que se tradujera para su mandato en mayor tranquilidad y productividad, pero los 3 intentos fueron infructuosos.

El trono de Enrique IV fue cuanto menos tumultuoso. En primer lugar, la verdadera sucesora del trono debía ser su hija Juana nacida el 28 de febrero de 1462, que tuvo gracias a su matrimonio (concertado) con Juana de Portugal pero esta paternidad estaba cuestionada por la nobleza, al rey se le llamaba “Enrique el Impotente”, se decía que había sido víctima de una maldición y por esta razón se ponía en duda la paternidad de esta reina heredera. Una parte de la nobleza sostenía que la princesa Juana era en realidad hija de Beltrán de la Cueva, Duque de Alburquerque; surge de allí el seudónimo de “Juana la Beltraneja”.

En noviembre de 1.464 tiene lugar la firma del Manifiesto de Quejas y Agravios creado por una parte de la nobleza donde se le acusó al Rey de tirano, de ir contra la iglesia católica y de homosexual. Al año siguiente prosiguieron las acusaciones y las presiones y el 5 de junio de 1.465, los nobles se reúnen en las Murallas de Ávila para proclamar simbólicamente a Alfonso XII que, en ése entonces, sólo tenía doce años de edad. Enrique accediendo a las presiones permitió que su hermano Alfonso se convirtiera en Rey bajo la tutela de uno de los nobles (Pacheco). Esta decisión desata una guerra entre los nobles y 3 años después en 1.468 muere de forma repentina el príncipe Alfonso XII, presuntamente envenenado.

Bajo este contexto Isabel supo aprovechar estratégicamente esta pugna, los historiadores sostienen que nunca se proclamó reina contrariando a Enrique IV sino que logró que fuese él quien la proclamase sucesora al trono en detrimento de su hija Juana obteniendo el título de Princesa de Asturias en septiembre de 1.468 a través del Pacto de Guisando.

En 1.469 y con el objetivo de consolidar su proyección política los consejeros de Isabel acordaron su boda con el príncipe Fernando de Aragón, primogénito de Juan II de Aragón. Esta unión se realizó en secreto de su hermano el rey Enrique IV. Fernando e Isabel eran primos y necesitaron una bula papal para validar el matrimonio. Esta unión trajo consigo la molestia del rey y la decisión de desheredar a Isabel y devolver el trono a su hija Juana (mal llamada la Beltraneja).

En 1.474 muere Enrique IV y bajo el contexto de pugnas entre los nobles la proclamación de Isabel como Reina de Castilla no fue fácil, por ello se autoproclamó sola sin la presencia de Fernando su esposo. Los historiadores sostienen que ambos eran jóvenes y prácticos pero Fernando de Aragón no vió con buenos ojos esa decisión. Él era un militar estratega, astuto y con carácter pero ella, con su inteligencia y astucia logró convencerle de que no eran momentos para la división sino todo lo contrario, la unión entre ellos les haría más fuerte para vencer los alzamientos y ansías de poder de los nobles, especialmente de los partidarios de Juana -hija de Enrique IV y desposada con Alfonso V de Portugal-, rechazado varias veces por Isabel.

Este episodio trajo consigo que los Reyes Católicos pactaran con un documento público los deberes y derechos de ambos, Fernando era quién debía manejar el “poder judicial” e Isabel era quien debía “nombrar cargos políticos, recibir juramentos de fidelidad, otorgar favores, obtener y manejar las rentas del Reino. Uno de los episodios quizás más relevantes de la practicidad de esta pareja era que Fernando había realizado su testamento (para muchos un poco prematuro) en mayo de 1.475, en donde él declaraba a la hija que tenía con Isabel heredera universal de la corona de Aragón y de Castilla. En ese entonces era inconcebible que una mujer recibiera esa herencia directa. La responsabilidad asumida frente a los conflictos de parte de Isabel, los constantes viajes en busca de apoyos para preservar la corona y luchar contra Juana y Alfonso de Portugal y el ejercicio del poder trajo consigo un infructuoso embarazo de Isabel, “El 31 de mayo dio a luz de forma prematura un varón que nació muerto”.

Uno de los epidosios más interesantes durante este conflicto fue la determinación que Isabel mostró cuando perdieron algunas batallas, por ejemplo, el enfrentamiento de Zamora en 1.475. Al perder esta ciudad Isabel se mostró muy dura con su propias tropas “he visto salir a un gran ejército y ahora mis ojos ven regresar una horda derrotada”. Isabel a diferencia de Fernando era mucho más decisiva a la hora de enfrentar a sus enemigos la “serenidad” que caracterizaba a Fernando era mejor vista. Con su actitud Isabel fue tildada de “intransigente” en muchas oportunidades. Sin embargo, uno de los logros durante las luchas contra Alfonso (Portugal) fue la rendición del Reino de Burgos en enero de 1.476). Isabel se dirigió allí personalmente a la ciudad durante más de 5 días de duro invierno y asumió un liderazgo político importante al retirar algunos cargos políticos a cambio de cuantiosas indemnizaciones.

En otro sentido, y bajo la influencia de sus asesores políticos Cardenal Pedro González de Mendoza y su confesor Fray Hernando de Talavera (hijo de una familia judía conversa) descubrió la necesidad de lograr, mejorar y perpetuar una buena imagen de su reinado frente a los súbditos. Gracias a su crianza, su nutrida educación, sus asesores (mas nó aduladores) y su carácter, ayudaron a que Isabel encaminara su reinado con los valores: “Verdad, paz y justicia” y por supuesto “servir a Dios”.

José María de Francisco Olmos, decano de la Facultad de Documentación de la Universidad Complutense de Madrid, en sus declaraciones sobre la importancia de la serie televisiva sobre Isabel la Católica de Televisora Española considera que Isabel como personaje histórico recae en “era una mujer que no se consideraba feminista, como personaje “Ella tiene plena conciencia de quién es: la reina propietaria de Castilla y no la esposa del rey. Y lucha por serlo no por su condición de mujer, sino porque cree que es reina por la gracia de Dios. Es la elegida por la providencia divina, y eso está demostrado porque gana la guerra”, relata en una entrevista publicada por el diario El País. (https://elpais.com/elpais/2013/11/27/eps/1385566295_017150.html).

Isabel recorrió Extremadura, Andalucía, y en Sevilla supo valorar el reino como punto estratégico de conexión entre el mediterráneo y el atlántico, se percató de la importancia de ordenarlo y convenció a los nobles de apoyarle contra Portugal. Realizó una gran labor política durante el año 1.478 “intercambiando perdones, fortaleza y regalías para cohesionar el poder político. Juana su sobrina abandonada con tan sólo 17 años por su marido Alfonso V optó inexorablemente por el retiro espiritual en el Monasterio de Santa Clara de Coimbra en Portugal “isabel se encargó de guardar bien la llave de aquella prisión hasta la muerte de la princesa, varias décadas más tarde, en 1530”. Revela el libro “Isabel de Castilla ni intolerante, ni fría. Estadista Moderna. Editorial Salvat RBA. 2020

En septiembre de 1.477 Fernando se reúne con Isabel porque estaba atendiendo su reinado en Aragón, este encuentro trajo consigo el nacimiento el 30 de junio de 1.478 del segundo hijo de ambos, el príncipe Juan. Isabel con 27 años de edad había ganado la guerra contra Portugal y se planteaba nuevos objetivos, había dejado atrás el legado de su hermanastro Enrique IV basado en el desorden, el caos, la inestabilidad, la tibieza y el endeudamiento.

La unión de las dinastías de Castilla y la Corona de Aragón no tuvo lugar hasta 1.479 cuando culminaron las batallas especialmente las acaecidos en las fronteras castellano-portuguesa. Comenzaban nuevos objetivos como retomar los antiguos proyectos ideados por monarcas como “Alfonso VI, Fernando III el Santo y su hijo Alfonso X el Sabio de recuperar las tierras que los musulmanes habían ganado hacía ocho siglos: la reconquista de Granada.

En una siguiente edición intentaré dar a conocer algunos de sus grandes aportes y el impacto de los mismos para nuestra historia contemporánea.

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