Artículo de opinión

A propósito de Marzo, a propósito del feminismo…

Muchas variables han servido para que el 8 de Marzo se convierta en el “Día Internacional de la Mujer Trabajadora”. Esta fecha tiene su origen histórico en plena época de la Revolución Industrial en el siglo XIX cuando un grupo trabajadoras americanas protestaron por las calles de Nueva York por las paupérrimas condiciones laborales que existían para la época; dentro de sus reivindicaciones también estaban en contra del trabajo infantil.

Uno de los hechos que dio origen a este movimiento más álgidos de este origen se debió a un incendio ocurrido un 25 de marzo de 1.911 en la fábrica textil Triangle Shirtwaist de Nueva York en la que fallecieron 123 mujeres y 23 hombres, (aparentemente provocado por una colilla de cigarrillo). Las víctimas no lograron escapar por la pocas medidas de seguridad que existían en ese entonces (las puertas estaban bloqueadas por decisión de los encargados de la fábrica para evitar robos). Esto en América, mientras que, en Europa el movimiento sufragista y diferentes gestas relacionadas con el socialismo también promovieron la reivindicación de los derechos de la mujer de manos de múltiples feministas, hasta que en 1.975 la Asamblea General de las Naciones Unidas, declara este año como el «Año Internacional de la Mujer» y desde 1974 todos los estados fueron invitados a celebrar este día como “Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional”. Desde entonces se celebra en todos los países, cada uno en su contexto pero es tradicionalmente visto como un día para reivindicar por los derechos de la mujer, para contrarrestar las desigualdades y luchar contra la violencia de género, es decir, se multiplican las razones relacionadas con la causa.

Históricamente han existido 3 grandes olas feministas, no se si si actualmente estamos ante una nueva ola del siglo XXI pero lo que si estamos es ante un nuevo movimiento que muchas veces cae en la radicalidad y que incluso pretende ser visto por una sola y en mi opinión equivocada mirada: “contra el hombre”.

Desde el punto de vista político el feminismo conlleva una filosofía de gran tendencia hacia el socialismo, sin embargo, no tiene ni debe ser exclusivo hacia esta tendencia política. La historia a través de los tiempos nos ha demostrado que el feminismo siempre ha tenido una gran cuota de fragmentación precisamente por las tendencias políticas. En mi opinión, una mujer feminista no debe o debería ser juzgada por ser de derechas o de izquierdas, ser feminista no debería ser exclusivo de una sola tendencia política. El feminismo en mi opinión, debería entenderse como un fenómeno social que nos atañe a todos como sociedad porque de lo contrario se entra en algunos verdaderos enemigos a vencer, entre los que se destacan: la división y el sectarismo.

La historia nos ha demostrado que han existido muchas mujeres a través de los tiempos que han luchado de forma desinteresada para alcanzar grandes logros, romper paradigmas en épocas muy difíciles y dejar un gran legado en este sentido debemos concientizar que para que nosotras contemos con los derechos y las estructuras de las que hoy disfrutamos actualmente ha habido un arduo sacrificio, tesón, entrega, lucha e incluso contención de muchas mujeres de ayer; desde nuestras ancestras, abuelas, madres, tías, hermanas y amigas desde el hogar hasta las grandes mujeres reconocidas (o no) públicamente. Las mujeres somos y seremos clave (si realmente queremos) en continuar logrando cambios sustanciales de nuestra sociedad.

Entendiéndolo como un fenómeno que abarca muchas esferas de nuestra sociedad y nos atañe a todos evidentemente para lograr una verdadera igualdad necesariamente debemos incluir al hombre. Si realmente se quiere buscar un cambio, caer en los radicalismos no es la solución efectiva, todo lo contrario, profundiza aún más las diferencias sociales entre hombres y mujeres, incluso, puede que erosione aún más las relaciones interpersonales entre hombres y mujeres provocando así un efecto adverso.

Muchos planes de desarrollo han fracasado por esta “exclusión” o “discriminación positiva”. Aceptar nuestras diferencias biológicas entre hombres y mujeres no debe ser un paradigma inaceptable como muchas posturas radicales que quieren de algún modo imponer un pensamiento único porque estamos ante un gran peligro para las nuevas generaciones. Hombres y mujeres somos distintos biológicamente pero socialmente debemos ser capaces de alcanzar grandes metas, romper techos de cristal pero no por imposición social. De allí la importancia de la complementariedad.

Por otro lado, la violencia familiar en todas sus manifestaciones venga de donde venga debe ser condenada, especialmente la que surge en el hogar donde se ven afectadas mujeres, niños, personas mayores y también hombres, que son menos en cifras pero también es una realidad que no podemos desdeñar. La familia es la base de nuestra sociedad y no podemos mirar hacia otro lado o desde afuera la pérdida de valores creciente que prevalece actualmente en nuestro entorno, lo que genera aún más violencia si queremos de verdad erradicarla y minimizar los índices de la violencia de género debemos poner mucha atención a los radicalismos.

Si bien es cierto, que existen muchas barreras que derribar desde el punto de vista estructural y desde el punto de vista social, realizar verdaderas bases de datos, crear asistencia social directa, descongestionar el sistema jurídico, fortalecer los sistemas educativos, potenciar los valores de respeto, complementariedad, pueden ser grandes aportes a este proceso. Pero lo más importante para que exista igualdad es el acceso a empleos dignos, (con salarios igualitarios para hombres y mujeres) lograr una verdadera independencia económica; que si el acceso a los empleos no es posible que los estados creen estructuras de financiación y/o créditos para la formación de empresas en las que mujer puede emprender y aportar al tejido productivo y así lograr la tan ansiada compatibilidad familiar, es decir, encaminar los recursos de forma más directa. Estos recursos existen sólo hace falta más voluntad política para ello. Ésa puede ser una de las claves más importantes para la verdadera liberación de la mujer.

Finalmente, es importante destacar que aunque la desigualdad, el machismo y la violencia, hoy por hoy, continúa manifestándose hoy por hoy en múltiples formas y que aunque cualquier mujer de cualquier parte del mundo, alguna vez en su vida haya podido llegar a ser víctimas de ello también debemos tomar en cuenta que el activismo actual en pro de los derechos de las mujeres, debería ser tan universal como actualmente se está intentando realizar gracias a la comunicación digital, razón por la cual, esta herramienta debe ser vista y utilizada para profundizar aún más los conocimientos con respecto al feminismo, no por moda sino para entender, por ejemplo, las profundas diferencias de los problemas y de la lucha por los derechos de la mujer desde escenarios como en Oriente Medio o África en comparación con el activismo o las formas de machismo desarrolladas en Occidente (países del norte),o América; sólo entendiendo estas diferencias podemos ser capaces de buscar puntos de encuentros, alcanzar soluciones tangibles y promover un equilibrado feminismo en pro del desarrollo de nuestras sociedades modernas.

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